NO SE QUÉ…
¡Apuren, muchachos!, que ya comenzamos.
Pasó la instructora, llamando otra vez.
Ha llegado el día en que nos graduamos
y dentro del pecho siento un no sé qué.
Si parece un sueño del cual despertamos
de una noche larga a un amanecer,
con tantas promesas llenando las manos
y en la boca un gusto raro a no sé qué.
Unos rezagados caminan despacio;
no es miedo al camino que se abre a sus pies
sino la tristeza que baja a los pasos
cuando los recuerdos se dejan caer.
Como en un desfile curioso y fantástico,
vuelve todo aquello que aprendí a vencer:
ese llanto inútil ante lo pasado
y el dolor sin tregua de ese no sé qué.
Se me vino un día todo el mundo abajo.
Cuando abrí los ojos y no pude ver;
yo que nunca antes sentí un sobresalto,
buscando en la vida ese no sé qué.
Vivir carece de significado:
el sol era mío, la luna también,
la vida era un fruto maduro en el árbol,
dispuesto a mi mano para no sé qué.
Cortaba las hojas de mi calendario
rutinariamente sin pensar por qué;
tal vez por costumbre de pasar los años
persiguiendo el viento tras un no sé qué.
Un día la risa no saltó a mis labios
y sentí apagarse la luz de mi ser
y, como el poeta, protesté llorando
si la vida es sueño o un no sé qué.
Como rayos equis, los ojos cerrados,
ven lo que hay adentro de lo que se ve:
la risa fingida, el cariño falso,
las frases vacías y ese no sé qué.
Se descubre entonces que ese trato raro
basado en mentir te mata la fe
y estalla esa rabia de ser sonámbulo,
tanteando un camino hacia no sé qué.
Así llegué un día, sin fe y amargado,
a buscar olvido o yo no sé qué.
Y a un mundo distinto me vi transplantado,
donde hay otras luces que permiten ver.
Compartí con otros lo dulce y lo amargo.
Tiré el llanto al fango y me puse de pie.
Rescaté lo bueno de aquellos fracasos
con el alma puesta en otro florecer.
Tengo otros amigos que me abren sus brazos,
yo le abro los míos a otros también;
amigos que nunca me niegan su mano,
cuando me atormente ese no sé qué.
Quizás cuántos ciegos vendrán derrotados
dudando de todo, como yo llegué
y un día cualquiera saldrán bastoneando,
teniendo más claro es no sé qué.
Me sube a la boca un sabor extraño:
mezcla de esperanza, nostalgia y placer,
por este milagro de salir soñando,
habiendo llegado sin pizca de fe.
¡Apuren muchachos! que ya comenzamos.
Pasó la instructora por última vez.
Ha llegado el día que nos graduamos
y dentro del pecho siento un no sé qué.
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wow!
ResponderEliminarPP